La triste realidad de los pueblos indígenas en Venezuela

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Por: Nehomaris Sucre

“Si me rechazas,

soy una canoa vacía,

arrastrada por los ríos

y que las piedras destrozan

y que las piedras destrozan”

Poema Piaroa

Es lamentable que el nacimiento en determinada etnia o grupo social marque el destino de un individuo. En Venezuela existe una realidad funesta que merece ser visibilizada, me refiero a los horrores experimentados por los indígenas de nuestro país, quienes al nacer parecen sentenciados a la pobreza, la amenaza de grupos armados y la falta de atención médica.

El 14 de febrero la ONG Kapé Kapé informó sobre el hallazgo de los cuerpos de 8 indígenas en la desembocadura del río Orinoco en Delta Amacuro. Entre las personas fallecidas había mujeres, hombres y niños. Se desconocen las causas de este triste suceso, pero según los relatos de algunas personas a la ONG, podría tratarse de náufragos que intentaban migrar a Guyana, aunque tampoco se descarta que sean víctimas de algún grupo irregular.

En enero, indígenas pertenecientes a siete comunidades del estado Bolívar protestaron reclamando un galpón que según sus declaraciones controla el grupo armado El Sindicato. Los manifestantes informaron a Kapé Kapé que el grupo arremetió contra ellos e hirió a dos indígenas. La presencia de El Sindicato y otras bandas delictivas ha sido denunciada por miembros de las comunidades que hacen vida en las zonas mineras.

Ante la ineficiencia del Estado, los indígenas del sur del país optaron por defenderse ellos mismos. En 2018 más de 100 miembros de la comunidad Gavilán de Cataniapo en Amazonas se organizaron como centinelas para resguardar a sus familias de los guerrilleros y mafias mineras. Esta acción se repite en otras comunidades de los pueblos pemón, piaroa, ye´kwana y senemá, tal como lo reseña el diario El País.

Indudablemente, la voracidad de la minería ilegal desató los peores males sobre esta población vulnerable. En esto se conjugan la violencia de las mafias y un sinfín de problemas medioambientales derivados del empleo de cianuro, mercurio y otros metales pesados que afectan los ecosistemas del río Orinoco.

A este turbio panorama se le suma la carencia de centros de salud y políticas públicas que atiendan a los pueblos originarios y controlen la propagación de enfermedades como la tuberculosis y el paludismo.

Atrás quedaron las promesas del chavismo sobre dignificar a las comunidades originarias mejorando su calidad de vida. Además, los 15 años de funcionamiento del ministerio para los pueblos indígenas no han arrojado resultados óptimos, y esta institución pasó a ser solo un cuadro más en el pesado organigrama del Estado venezolano.


NEHOMARIS SUCRE | @Neho_Escribe

Politóloga y militar retirada.

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