¡Con mis hijos no se metan! Llegó Giorgia Meloni

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Comunicación en Gotas

Por: María Eugenia Fuenmayor

 « La educación sin valores parece hacer al hombre un demonio más inteligente».

C.S. Lewis / Escritor británico

La idea de influir a las nuevas generaciones con el fin de preservarse en el poder o manipular el futuro de un país mediante la #educación que se imparte en las escuelas, y así moldear el pensamiento colectivo, es una manifestación del #populismo. Práctica que es hoy realidad palpable en una parte importante de nuestro continente, así como en algunos países de #Europa.  

El desenfreno ideológico se vuelve mucho más patente, no solo en la injerencia directa de la educación, que se convierte en prioridad de las estrategias del  populismo, y en herramienta de manipulación ideológica, sino también en las expresiones del personalismo que caracteriza a las tendencias extremas (verbigracia, la nueva dádiva gubernamental con #marketing de un material escolar estampado con la patética caricatura de un supuesto superhéroe bigotudo con el que aspiran inundar a nuestros niños en #Venezuela).

Ese desenfreno muchas veces se disfraza asimismo con un ropaje de derechos y libertades que, sin embargo, son sistemáticamente atropellados, hoy, con prácticas abominables que ya en la Edad Media se consideraban oprobiosas.  

Durante la expoferia escolar 2022, Maduro anunció la nueva línea de útiles escolar impresos con una caricatura de sí mismo, en la que se le presenta como superhéroe. Ya un muñeco inflable de Superbigote ocupó el lugar del presidente en un desfile militar.

Para no extenderme demasiado, no voy a analizar, aunque quisiera, el hecho de que, bajo estas modalidades de #gobierno, la familia como entidad pasa a un plano menos relevante. Bajo la égida populista, en especial la de la izquierda radical (incluida la de EE.UU), los hijos no son tales, son más bien individuos que temporalmente están bajo el cuido de sus progenitores.

En tal sentido, los valores que se imparten en casa, las enseñanzas familiares, el respeto por el otro, la espiritualidad y la religión, ya no son ni deberes ni derechos de los padres quienes pasan a ser solo unos cuidadores temporales.

El hecho es que ahora la escuela, nuestros niños, pues, son objeto de maniobras de manipulación que se expresan bajo la pretensión de que ellos, los muchachitos, deben ser «beneficiarios» de libertades en la definición y el ejercicio de su sexualidad…

Para más inri, según esta grotesca y corrupta  corriente, los padres ya no somos papá y mamá; ahora somos «progenitor 1» y «progenitor 2», y, lo que es más profundamente abyecto, vergonzoso y peligroso: la pederastia no es tal si el niño consiente el acto haciendo uso de su albedrío ¡Horror de horrores! Esto no es un mal sueño: es una pesadilla real que tiene sus promotores y voceros en algunos ámbitos políticos de Estados Unidos y, más recientemente, en Italia y en la España de Pedro Sánchez e Irene Montero.

Frente a esta barbaridad surgen contrapesos, no necesariamente libres de populismo y de posiciones radicales, pero que, al menos, tienen representación en voces recias que se oponen a esta enajenación, a esta demencia desatada. Una de ellas es Giorgia Meloni, periodista y política italiana recién electa Primer Ministro de un país que también sufre de prácticas populistas del izquierdismo esquizoide.

Apenas empiezo a monitorear sus actuaciones bajo el enfoque de mi temática profesional, que es la comunicación y me resulta obvio que habría que sugerirle que debería abandonar el grito airado que satura al mejor equipo de sonido, en favor de una actitud igualmente enérgica, pero manejada más inteligentemente: más contenido y menos estridencia.

Sin embargo, una de las principales banderas de Meloni ha sido el desmontaje de estas ideologías de género que tanto estigmatizan, por cierto, a quienes desean legítimamente ser libres de ejercer, como adultos, su sexualidad. La #Meloni se está ocupando de denunciar el montaje de la izquierda populista, lo cual, de entrada, genera cierto alivio. La flamante primera ministro pareciera estar dispuesta a dar la pelea, ojalá bajo premisas de auténtica reivindicación de los derechos ciudadanos y no de nuevas etiquetas de conservadurismo y de derechismo extremos.

Se dice que la premier italiana es radical. También se especula que, aunque ella manifiesta abiertamente su apoyo a Ucrania, algunos de los movimientos que la apoyarían en la coalición de gobierno que están conformando han dado muestras en el pasado de haber apoyado a Putin, cosa de la que esperamos una pronta rectificación. En todo caso, lo que me queda más claro de todo esto es que los extremos generan siempre una fuerza pendular que se le opone. Todos ellos han sido nefastos para la humanidad. Hitler, Fidel Castro Lenin, Stalin, Mao, Pol Pot, generan a los Franco y Pinochet, entre otros, quienes surgen como consecuencia de los primeros mencionados.Aunque hay ejemplos más actuales y más locales.

El equilibrio debe estar entonces en alguna parte del centro de ese movimiento pendular irracional que, en cualquiera de sus puntas, es opuesto al respeto de los DD. HH. y, por tanto, al progreso y a la prosperidad de las sociedades libres.

Mientras tanto, doy un voto de confianza a quienes, como Meloni desafían y procuran desmantelar los adefesios ideológicos que amenazan a la institución de la familia y, muy especialmente, a la infancia y a su Educación… esa que se escribe con ‘E’ mayúscula.

«Tus hábitos se convierten en tus valores, tus valores se convierten en tu destino».

Mahatma Gandhi


MARÍA EUGENIA FUENMAYOR | @mefcal

Experta en mercadeo, comunicaciones y reputación. Directora ejecutiva de Interalianza Consultores.

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