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sábado, 24 septiembre, 2022

De Lara a Nueva York: travesía de un venezolano que sobrevivió al Darién

A Martín, de 28 años, le tomó un mes y 1.140 dólares llegar a la ciudad de Nueva York, en Estados Unidos, desde Barquisimeto, estado Lara. Sin papeles atravesó la selva del Darién, Centroamérica y el río Bravo. Ahora, el venezolano busca el permiso para trabajar y reunir el dinero suficiente que le permita llevar a su familia al país por vías regulares

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Caracas.- Durante 2022, los venezolanos se volvieron la principal nacionalidad en atravesar la selva del Darién, que divide la frontera entre Colombia y Panamá, para continuar su trayecto hacia Estados Unidos. Martín es un barquisimetano que llegó a Nueva York tras haber hecho el recorrido por vías irregulares con el objetivo de brindarle un mejor futuro a su hija de dos años.

Martín, nombre por petición del entrevistado, es un venezolano de 28 años que decidió partir el 15 de agosto desde su natal Lara para llegar a Estados Unidos y poder trabajar y mantener a su hija de dos años, a quien dejó en Venezuela con su esposa. «No es mentira, a uno no le alcanza el dinero, por eso decidí migrar. Quiero darle un futuro mejor a mi hija pequeña, solo tiene dos años», contó a El Pitazo.

Para el barquisimetano la travesía no comenzó en el Darién, sino en su país. Cuenta que antes de salir de Venezuela, los policías le pidieron 50 dólares para darle un carnet fronterizo que aseguraban iba a necesitar en Colombia. «Es mentira, no te lo piden. La policía colombiana no te molesta, nada», dijo.

«Huele a muerte»

Martín consiguió un guía que le cobró 40 dólares para trasladarse en lancha hacia donde iniciaría su recorrido. Desde allí lo trasladaron en una moto hasta un campamento donde podía elegir uno de tres caminos para llegar hasta el final de la selva el Darién, del lado de Panamá.

«Ahí los guías te nombran tres rutas: La Llorona, La Bandera y una nueva que abrieron. Pero en la nueva hay muchos robos y violaciones, esa vía solo es un recorrido de dos días supuestamente, pero es muy peligrosa. Muchos se van por ahí, pero hasta abusan de niños y hay mucha gente con disparos», contó el larense.

Martín optó por tomar la ruta La Bandera, que describió con olor a muerte. Asegura que cada vez que iba avanzando, se topaba con más cadáveres en el camino. «Por allí hay muchos barrancos, entonces lo que hacen los indios de la zona y los guías es arrojar los cadáveres al vacío».

«El camino huele a muerte. Lo más fuerte para mí fue ver a una familia entera muerta. Eran el papá, la mamá y el hijo, juntos dentro de una carpa; al parecer los picó una culebra y murieron».

Tras cinco días de trayecto, el venezolano llegó a Panamá, donde abordó un autobús que lo llevó hasta la frontera con Costa Rica. «En realidad abordar esos autobuses es gratuito, están habilitados para los migrantes que llegan, pero la policía de Panamá por el camino te va pidiendo dinero», cuenta.

Del río Bravo a EE. UU.

No existían días de descanso. Martín buscó la manera de pasar por Costa Rica, Guatemala, Honduras y Nicaragua lo más rápido posible para alcanzar su objetivo: Estados Unidos. Cuenta que en cada país debía evitar a los policías para que no le pidieran papeles.

«Toca pasar por muchas trochas y siempre te quieren meter miedo los que te cobran por pasar diciendo que la policía nos puede ver y que si les pagamos más nos ayudan, pero como ya vienes pasado por varios países, sabes cuándo te mienten», dice Martin.

Una vez que llegó a México obtuvo un permiso para transitar hacia la zona norte del país, por lo que se trasladó a Ciudad Juárez, en el estado de Chihuahua. «No es complicado. Allí está el río Bravo y puedes pasar (…) Para pasar por esa parte del río no tienes que pagarle a nadie, los que contratan coyotes es porque lo habían cuadrado desde antes».

Cuando Martín pisó suelo estadounidense, los policías ya estaban esperando a los migrantes que cruzaban las aguas del río que ha cobrado las vidas de otras personas que intentaban llegar al país norteamericano. «Nos pusieron a hacer una cola y nos llevaron».

El joven pasó dos días detenido hasta que lo dejaron en libertad con una cita de presentación ante el departamento de migración. «Nos asignaron un autobús que nos trajo a Nueva York. Ahora estoy en un refugio, que no es la gran cosa, pero se puede vivir aquí mientras se busca trabajo».

El venezolano no tenía familiares ni amigos que lo recibieran en el país norteamericano. Aún así decidió emigrar a Estados Unidos porque le comentaron que se ganaba mucho mejor, que había buenos salarios y mayor calidad de vida.

Martín asegura que en el refugio le proveen las tres comidas del día y que deben cumplir un horario. «Podemos salir a las ocho de la mañana, volver a almorzar a las dos de la tarde y tenemos chance de regresar a dormir hasta las once de la noche».

«No quiero que pasen lo mismo»

La aspiración del larense es volver a reunirse con su esposa e hija en el país norteamericano, sin embargo, no quiere que ellas realicen el mismo recorrido por la selva del Darién, Centroamérica y el río Bravo. «A ellas me toca ayudarlas a tramitar la visa, no quiero que pasen por lo mismo».

Martín no intentó tramitar una visa debido a los largos tiempos de espera y la inversión económica que requería. Asegura que intentó tramitar su pasaporte venezolano, pero nunca le fue asignada la cita.

«Si buscaba un gestor iba a cobrar demasiado por darme un pasaporte, además viajar a otro país para tramitar la visa costaba mucho dinero (…) En total gasté 1.140 dólares, ni más ni menos», aseguró el barquisimetano.

El venezolano llegó el 21 de septiembre a Estados Unidos y actualmente se encuentra realizando sus trámites de solicitud de asilo para poder optar a un permiso de trabajo y comenzar a reunir dinero para volver a ver a su familia y brindarle estabilidad.

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